viernes, 14 de septiembre de 2012

Un terremoto visual. Marta Delclós.


Publicado en Cultura/s 23 Mayo 2011.
El fotógrafo canadiense Jeff Wall declaraba recientemente: ver una película es una forma poco común de hacer fotografías. Todo lo que ocurre en el proceso de hacer una película sucede también al realizar una fotografía. No puedo definir la relación entre ambas, pero es algo que puede conducirse en diversas direcciones. Es esta intensa relación entre cine y fotografía lo que nos sugieren las espléndidas fotografías de la muestra Joaquim Gomis, de la mirada oblicua a la narración visual que la Fundación Miró dedica a este pionero. Mucho antes que los postulados de la Nueva Visión reivindicaran la fotografía como lenguaje autónomo, Gomis se subió a un rascacielos y dinamitó los cimientos del lenguaje fotográfico. Fascinado por el dinamismo de las ciudades americanas de los años 20, realizo un trabajo innovador tanto por la forma, a través del uso de picados y contrapicados, como por los temas, vistas urbanas, edificios y zonas industriales.
Activista cultural y promotor del arte de vanguardia en Cataluña, su mirada inquieta le llevará a experimentar con nuevas formas expresivas, coqueteando con el surrealismo en París al lado de Brassaï o Man Ray, hasta que en 1940 provocará un nuevo terremoto visual. En su obsesión por captar el detalle y con un gran inconformismo hacia la imagen única como elemento expresivo, iniciará un trabajo basado en series fotográficas sobre un mismo tema, que guardará en forma de álbum. Su amigo Joan Prats le propondrá ordenar las fotografías en secuencias y publicarlas como fotolibros o fotoscops, algunos de ellos con gran éxito entre los años 50-70 y fundamentales para dar a conocer la obra de artistas como Joan Miró, Antoni Tàpies o Gaudí. Otras series, como la dedicada a un eucalipto o al cuerpo femenino nunca serán publicadas, aunque sí proyectadas en sesiones de diapositivas, conocidas como linterna mágica. Nacía así un nuevo lenguaje visual, cercano al cinematográfico que situaba a Gomis como uno de los fotógrafos más innovadores del siglo XX. Y a partir de aquí, el olvido. Pese a algunas revisiones recientes, Joaquim Gomis no había recibido el reconocimiento que se merece. Por eso es tan importante esta muestra, ya que permite acercarnos a uno de los proyectos más fascinantes de nuestro patrimonio fotográfico, con material hasta ahora inédito. El contacto con estas fotografías implica hoy, cuando parece que vivimos saturados de imágenes, una nueva experiencia visual. Turbadora la serie dedicada al desnudo femenino, el cuerpo fragmentado, captado desde puntos de vista insólitos, con un juego de luces y sombras que realzan su belleza sensual. Descubrimos en las diferentes perspectivas de un eucalipto, fotografiado desde todos los ángulos posibles, su obsesión por captar el detalle, la misma que le llevará a buscar la belleza en las cosas más sencillas, una silla o una piedra, hasta captar su esencia. Donde un simple cactus se revela esencial en el universo de su gran amigo Joan Miró.
Las fotografías vintage, colgadas de forma secuencial en la pared, permiten recorrer las salas en una experiencia casi cinemática. Y descubrimos esa frágil barrera entre cine y fotografía, que Gomis intuyó para dialogar con el neorrealismo en su impresionante trabajo sobre Ibiza, o para construir una de las miradas más intensas sobre Barcelona, con una estética cómplice del film noir.

La muestra incluye sus primeras fotografías de Nuev York, Dallas o Houston, una tentativa de serie de la Torre Eiffel, junto con sus maquetas y fotolibros. Casi 200 imágenes de un total de las 70.000 que forman su archivo, depositado recientemente en el Arxiu Nacional de Cataluña para su catalogación y digitalización. Lo que sugiere que estamos ante una primera gran aproximación a su obra, la de este fotógrafo amateur cuya modernidad visual comenzó a gestarse muy pronto, con sólo doce años, cuando recibía como regalo una pequeña cámara fotográfica. Una brownie 6x9 que cambiaría su forma de mirar el mundo.



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