viernes, 25 de noviembre de 2011

VER UNA PELICULA ES UNA FORMA RARA DE VER FOTOS. Jeff Wall.



Entrevista a JEFF WALL por José Luis Estévez. Llegó a la fotografía a través de la pintura. El artista canadiense contrasta su relación con la de grandes creadores del siglo XX en la exposición El sendero sinuoso. Una reflexión sobre el arte contemporáneo que muestra el CGAC, de Santiago

Jeff Wall es uno de los artistas más influyentes en el campo de la fotografía de las últimas décadas. Sus obras de gran formato en cajas de luz consiguieron redefinir el paradigma de la fotografía. Para la construcción de sus imágenes se ha inspirado en grandes obras de pintores clásicos y ha utilizado elementos propios de la narrativa cinematográfica. El artista canadiense (Vancouver, 1946) presenta desde hoy en el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) de Santiago de Compostela una exposición en la que se exhiben obras realizadas en las últimas tres décadas, junto a las de otros grandes nombres del arte contemporáneo que han influido, de una u otra forma, en su trayectoria. La muestra The crooked path (El sendero sinuoso) ha sido coproducida por el Museo Bozar de Bruselas, donde se presentó con anterioridad. Wall expone sus obras junto a la de grandes artistas, históricos y contemporáneos, que le han inspirado a la hora de proponer una nueva manera de entender la fotografía como disciplina artística.
La exposición, que cuenta como comisario con el belga Joël Benzakin, pretende mostrar el contexto que propició el desarrollo de la obra de Wall, de ahí que se aborden cuestiones como el minimalismo y la relación con la escala, la fotografía histórica, la fotografía conceptual y posconceptual, etcétera. El recorrido sinuoso por la exposición incluye diez estaciones, como capítulos en una narración visual, que nos llevan ante piezas relevantes como The destroyed room (La habitación destrozada, 1978) o Picture for women (Imagen para mujeres, 1979) que se presentan en relación con trabajos de artistas como Marcel Duchamp, Bruce Nauman, Chris Burden o el cineasta Rainer Werner Fasbinder.
PREGUNTA. La exposición incluye obras que han tenido influencia en su carrera. ¿La idea es sugerir las conexiones entre su obra y las de esos artistas?
RESPUESTA. Mi intención es que la gente pueda ver mis fotografías y otras cosas que guardan relación con ellas, pero no estoy seguro de que haga falta que se entiendan estas relaciones. No me preocupa demasiado que el público tenga que comprender esas relaciones, de hecho ni siquiera estoy muy seguro de entenderlas yo mismo.
P. Usted lleva más de 30 años trabajando con la imagen fotográfica. ¿Qué es lo que realmente ha cambiado en la fotografía, entendida como disciplina artística, a lo largo de estas décadas?
R. En los años setenta, el trabajo de Robert Frank, que está presente en esta exposición, era muy admirado y parecía un logro perfecto dentro de la tradición de la fotografía documental basada en el reportaje. No parecía posible llevar ese tipo de trabajo más allá y eso era frustrante, pero a la vez interesante porque se abría la puerta a otra cosa. Yo nunca tuve interés en hacer fotoperiodismo y llegué a la fotografía a través de la pintura. Me interesaba más ver cómo se relacionaban ambas cosas que enfatizar la singularidad de la fotografía. Quería utilizar el concepto del reportaje para llevarlo al estudio y mezclarlo con otros elementos artificiales.
P. Sus fotografías incorporan conceptos cinematográficos y usted ha investigado mucho sobre esa relación. ¿Qué las une y qué las diferencia?
R. Cuando era muy joven trabajé como técnico cinematográfico y tenía que ver las películas fotograma a fotograma para comprobar que no estaban dañadas. Ahí me di cuenta de que en esencia las películas son solo fotografías. En realidad ver una película es una forma poco común de ver fotos. Todo lo que ocurre en el proceso de hacer una película sucede también al realizar una fotografía. No puedo definir la relación entre ambas, pero es algo que puede conducirse en diversas direcciones.
P. Sus obras requieren una importante dosis de información para enfrentarse a ellas. ¿Le interesa más llegar a un público informado que a alguien que llega ante su obra sin conocerla?
R. No estoy de acuerdo con eso. Creo que el público no necesita información previa para ver mis fotografías. No las hago para que sea necesario haber aprendido antes algo sobre ellas. Sí que es cierto que hay personas que sienten más curiosidad por el arte y quizás se fijen en aspectos que les interesan particularmente a ellos. Sin embargo, a mí me hace muy feliz ver que alguien que nunca lo había visto antes puede disfrutar con mi trabajo. Si hay una respuesta estética ante la fotografía es que algo ha ocurrido dentro de ti y te va a marcar en cierta forma. No me centro en el aspecto intelectual cuando tomo una fotografía.
P. Usted no utiliza demasiado la tecnología digital para modificar las fotografías. ¿Cree que pueden perder su esencia?
R. Hoy en día todos usamos la tecnología digital de algún modo, unas veces mucho y otras casi nada, no hay reglas al respecto. La fotografía digital no ha tenido un gran efecto en el reportaje frente a lo que se temía hace algunos años. La única repercusión importante es que ha hecho más rápido el trabajo. Es curioso que los jóvenes que han nacido con la tecnología digital están descubriendo el poder de la película porque se captan matices que la tecnología digital no reproduce. La película es mucho más poderosa para captar información.
Jeff Wall. The crooked path. Del 12 de noviembre al 26 de febrero de 2012. Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC). Rúa Valle-Inclán, s/n. Santiago de Compostela.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El album familiar del Payo Chac. Marta Delclós.



Publicado en Cultura/s La Vanguardia. 13 Julio 2011.
 Imagen: Verbena en la Bodega Rosita del Paral.lel. J. Léonard. Arxiu Fotogràfic Barcelona


Pocas veces se ha retratado la Barcelona gitana como lo hizo Jacques Leonard. Por lo menos, con esa mirada tan cercana de quien conoció de primera mano la realidad de un colectivo tan importante para la memoria de la ciudad. Nacido en París en 1909, hijo de una acaudalada familia francesa, pasó gran parte de su juventud dedicado al cine. Desde su colaboración en 1931 con los estudios Gaumont, su vida crecerá paralela a la industria cinematográfica y al trabajo con prestigiosos directores como Tourjansky o Abel Gance. Su carácter eminentemente nómada lo llevará a viajar hasta Argelia, Libia, India, Lisboa, Grecia y Australia hasta que en los años cuarenta descubrirá su pasión por Barcelona, una ciudad en la que decidirá vivir y profesionalizarse como fotógrafo. Es aquí, cuando en 1953 se producirá un hecho que cambiará radicalmente su vida: el encuentro con Rosario Amaya, gitana de las barracas de Montjuïch, modelo de pintores y prima de la bailaora Carmen. El tímido y reservado Leonard se sentirá fascinado desde el primer momento por esa mujer de gran belleza, que parecía salida de un cuadro de Nonell. Después de un noviazgo que pasará largas horas en Los Caracoles de la calle Escudillers, y de una boda en París, Jacques Leonard se convertirá en el hombre de Rosario, el payo francés o Payo Chac como lo llamarán sus amigos y familiares. Es a partir de este momento cuando iniciará un trabajo personal, al margen del profesional, retratando de forma apasionada y casi visceral la cultura, tradiciones y costumbres del mundo gitano. Su situación como fotógrafo era privilegiada. Leonard era el metèque, el extranjero, pero al mismo tiempo el miembro de la familia, aquel que puede mirar desde dentro, tomar notas y fotografiar una realidad que también era la suya. La vida cotidiana en las barracas del Somorrostro y Montjuïch. La peregrinación anual a Saintes de la Mer, en La Camarga. Las bodas gitanas, con sus ritos y la presencia casi espectral de la juntaora. Entrando allí donde nunca antes lo había hecho la cámara, en la intimidad de un velatorio donde los familiares veneran los objetos de un cuerpo ausente. Sus fotografías constituyen un homenaje a Rosario y dotan de una fuerte identidad a la mujer gitana. También son un homenaje a la ciudad, omnipresente en sus espacios de encuentro, como la fiesta en la bodega Ca La Rosita del Paralelo. El baile desvela el verdadero sentir gitano, con una secuencia casi cinemática.
Un impresionante trabajo que desde ahora puede verse en la exposición “La Barcelona Gitana”, que se celebra en el Archivo Fotográfico de la ciudad. De visita casi obligada, si se tiene en cuenta que hasta ahora estas imágenes habían permanecido inéditas. Su trabajo nunca tuvo visibilidad y fue rechazado en su día por la censura. Sus fotografías, pese a su carácter doméstico, eran subversivas. No respondían a la retórica dominante marcada por una proyección excesivamente amable y populista del colectivo gitano.
La casualidad hizo que después de su muerte, fueran sus hijos quienes encontraran este tesoro, guardado en cajas de zapatos en el trastero de su casa. Más de 3.000 negativos sobre la vida gitana, que fueron depositados en el Archivo Fotográfico de Barcelona, de los que ahora podemos ver una selección en la exposición. Un total de 80 fotografías entre tirajes actuales y tirajes vintage, y una selección de objetos personales donde descubrimos el manuscrito del libro Les gitans. Les quatre fers en l’aire, un encargó de la editorial Plon de Paris, que nunca llegó a publicarse. No estamos ante un trabajo fotográfico de documentación, sino de inmersión e identificación personal, de quien estuvo a lo largo de su vida buscando en todas esas experiencias su propia identidad. De aquel Jacques Leonard que de niño descubría a través de una fotografía familiar, su propia ascendencia gitana por parte de padre. Son ahora, las fotografías de su propia familia, las que desvelan de forma excepcional ese mundo inédito, un itinerario personal y doméstico que se ha convertido, no obstante, en pieza clave de nuestra memoria urbana. Y que nos invitan a mirarla de otra manera.